Que te la cuelen con una sonrisa en la cara… duele. Y lo peor es que muchas veces ni te das cuenta hasta que ya es tarde. Pero la buena noticia es que hay formas de verlas venir. Gestos, frases, reacciones mínimas… pequeños detalles que pueden ayudarte a descubrir si alguien está siendo sincero… o si te está contando una película de ciencia ficción.
Y no, no es solo por cotilleo. Aprender a detectar mentiras puede evitarte tragos amargos: desde relaciones que te restan en vez de sumar, hasta decisiones profesionales que podrían pasarte factura. Es una herramienta útil. Llamémosle instinto afinado, inteligencia emocional… o puro sentido común con entrenamiento.
Desde mi experiencia en Accen Inter, te explico cómo detectar una mentira con una técnica sencilla, práctica y, sobre todo, ética.
Índice
Pongamos un ejemplo: en el trabajo, alguien llega con una propuesta “fantástica” que suena demasiado bien para ser verdad. Si sabes leer las señales, puedes intuir si detrás hay algo que no cuadra. ¿Y en lo personal? Desde promesas vacías hasta disculpas de manual… cuanto antes detectes la mentira, antes te ahorras el disgusto. No se trata de desconfiar de todo el mundo, pero sí de no ir por la vida con los ojos cerrados.
¿Por qué es tan difícil detectar una mentira?
Antes de lanzarte a “pillar” a alguien, conviene tener algo claro:
- No hay técnica 100% fiable. Incluso los profesionales se equivocan.
- La gente es buena mintiendo. Unas personas mejor que otras, sí, pero hay quien se entrena a diario.
- Somos malos detectando mentiras. Nuestra intuición falla más de lo que creemos, sobre todo si queremos creer en la otra persona.
Así que, fuera prejuicios y apliquemos un método paso a paso.
Estrategia aplicable: cómo funciona realmente
Vamos al grano, nada de teorías imposibles. Aquí tienes el proceso que suelo recomendar en formaciones de comunicación de Accen Inter:
Paso 1: Cambia de tema (sí, en serio)
No es por despistar, sino para relajar a la persona. Hablar solo del asunto tenso o sospechoso puede poner a cualquiera nervioso, incluso si no miente. Cambia la conversación a un terreno neutro: preguntas triviales, un comentario sobre el día… Observa si la persona se relaja o mantiene el mismo estado.
Paso 2: Regresa al tema de interés
Cuando vuelves al tema que te genera dudas, haz preguntas clave pero sin parecer policía. Por ejemplo:
— “Oye, antes me decías que llegaste tarde porque había atasco, ¿cómo estaba la carretera?”
La clave es que no suene a interrogatorio, pero sí te permita comparar respuestas.
Paso 3: Observa señales de alerta (si hay mentira)
Aquí viene lo bueno:
- Cambio de lenguaje corporal: De repente se cruza de brazos, se toca la cara o esconde las manos.
- Nerviosismo: Se mueve más, mira hacia otro lado o evita el contacto visual.
- Respuestas más lentas: Tarda más en responder o utiliza muchas palabras para algo sencillo.
- Exceso de justificación: Cuando una explicación sencilla se convierte en una novela.
- Contradicciones pequeñas: Un detalle que no encaja con lo dicho antes.
Ojo: Ninguna de estas señales es prueba definitiva. Pueden ser nervios, cansancio o simplemente una manía. La clave está en notar cambios respecto al comportamiento habitual de esa persona.
Paso 4: Profundiza solo para confirmar
Haz más preguntas, con calma y sin atacar. ¿Notas incoherencias? ¿Cambia la versión sobre algún detalle?
No saques conclusiones por un solo gesto: busca patrones. Y recuerda, en negociaciones y situaciones delicadas, la calma y la observación valen oro.
¿Qué son las microexpresiones y por qué son clave?
¿Has notado alguna vez cómo alguien intenta sonreír pero se le nota la tensión en los ojos? Las microexpresiones son exactamente eso: reacciones que duran menos de un segundo, imposibles de controlar del todo. Paul Ekman, un psicólogo que ha estudiado esto a fondo, descubrió que esas pequeñas señales son un reflejo directo de las emociones reales. Vamos, que el cuerpo suelta la verdad antes de que la mente monte su historia.
Y lo más curioso: no importa si estás en Sevilla, en Estambul o en Osaka. Todos levantamos las cejas cuando algo nos sorprende. Es un lenguaje universal, como los bostezos.
Las 7 microexpresiones que delatan una mentira
- Alegría fingida: sonrisa que no arruga los ojos. Si parece sacada de un anuncio… sospecha.
- Tristeza: mirada caída, labios hacia abajo. No hay postureo que lo disimule.
- Sorpresa: ojos abiertos como platos, cejas arriba, boca entreabierta. Como cuando te dicen que el lunes es festivo y no lo sabías.
- Miedo: cejas unidas, ojos abiertos pero tensos, labios tensos.
- Asco: nariz fruncida, el labio superior se sube solo. Puro reflejo.
- Ira: cejas hacia abajo, mirada fija, boca apretada. Vamos, como cuando se te cuela alguien en la cola del súper.
- Desprecio: una media sonrisa, con solo un lado de la boca levantado. Ese gesto de “te miro por encima del hombro”.
Son tan breves que si parpadeas… te las pierdes.
Lenguaje corporal: más allá del rostro
- Alegría fingida: sonrisa que no arruga los ojos. Si parece sacada de un anuncio… sospecha.
- Tristeza: mirada caída, labios hacia abajo. No hay postureo que lo disimule.
- Sorpresa: ojos abiertos como platos, cejas arriba, boca entreabierta. Como cuando te dicen que el lunes es festivo y no lo sabías.
- Miedo: cejas unidas, ojos abiertos pero tensos, labios tensos.
- Asco: nariz fruncida, el labio superior se sube solo. Puro reflejo.
- Ira: cejas hacia abajo, mirada fija, boca apretada. Vamos, como cuando se te cuela alguien en la cola del súper.
- Desprecio: una media sonrisa, con solo un lado de la boca levantado. Ese gesto de “te miro por encima del hombro”.
Son tan breves que si parpadeas… te las pierdes.
Indicadores verbales: lo que dicen las palabras
Mentir cansa. Y mientras la cabeza intenta mantener el cuento, el cuerpo va por libre. Las manos que no paran quietas, los ojos que esquivan los tuyos, los toquecitos en la cara que aparecen sin que la persona lo note… todo eso puede indicar incomodidad o intento de ocultar algo. También es habitual que quien miente se aleje físicamente, cambie de postura o cruce los brazos como si necesitara protegerse.
Cómo aplicar este conocimiento en la vida diaria
No solo el cuerpo canta. Hay frases que se repiten tanto que acaban perdiendo sentido: “para serte sincero”, “créeme”, “te lo juro”… Cuando alguien insiste demasiado en que dice la verdad, igual es porque ni él se la cree.
También saltan las alarmas cuando las respuestas vienen con más florituras que una novela: datos innecesarios, pausas que no encajan, historias demasiado ensayadas… El que dice la verdad suele ir al grano. El que no, adorna.
Detectar mentiras no es cuestión de magia, ni de tener superpoderes. Es práctica, observación y un poquito de psicología callejera. Las microexpresiones, los gestos, los silencios incómodos… todo habla. Y si sabes escucharlo, irás un paso por delante.
Eso sí, tampoco te conviertas en detector humano 24/7. A veces una persona está nerviosa, simplemente. Así que ojo, pero con criterio.
Errores comunes al intentar detectar mentiras
- Ver mentiras donde no las hay: No todo gesto raro es una señal de engaño. El contexto importa mucho.
- Juzgar solo por la intuición: Las corazonadas se equivocan más de lo que parece. Usa siempre evidencias y patrones, no solo “me lo olía”.
- Olvidar la ética: Detectar una posible mentira no te da derecho a acusar, humillar o sacar conclusiones definitivas. Recuerda: todos podemos equivocarnos.
Detectar una mentira es complicado, pero no imposible si sigues un método y tienes paciencia. Cambia de tema, observa, pregunta y, sobre todo, busca coherencia y respeto. No hay mejor herramienta que una buena conversación y una observación atenta.
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